Simbología de los colores
En los muchos años que llevaba ejerciendo como Primer Consejero del Líder, no había recibido una petición tan transgresora:
“Ilustrísimo Primer Consejero: Pido permiso para adecuar un viejo almacén y transformarlo en Escuela Popular y enseñar en ella a leer y escribir a los ciudadanos que lo deseen.
Firmado F.K. Cuarto Funcionario de la provincia de Xoriak.
Leyó y releyó la petición y no dejaba de preguntarse para qué querían los ciudadanos de ese remoto lugar u otro sitio del imperio, saber leer o escribir. Nuestros miembros del clero les dicen cuándo y cómo deben de rezar. Los delegados sociales les decretan sus trabajos y velan por su felicidad. Y los artistas imperiales, en sus giras por las provincias, les llevan nuestra ancestral cultura. Entonces, se volvió a preguntar, para qué querrían saber leer y escribir, si nada de lo que está fuera de nuestro sistema es útil y todo lo que deben pensar y sentir ya se lo hemos inculcado.
Dictó unas palabras al secretario que diligente escribió en una hoja, la introdujo en el sobre azul de urgente y entregó al mensajero.
Cinco días después se felicitó por el perfecto engranaje de nuestro Sistema: Un sobre negro de respuesta estaba sobre su mesa. Le bastó leer el final para sonreír, hasta donde un Primer Consejero podía hacerlo ...el funcionario de cuarta F.K. murió mientras cumplía su deberes .... por la coz de una bestia de carga....
Miró por la ventana reconfortado por la paz que transmitían la tierra y el viento.
Julián Díaz “Desde el Tonel”
sábado, 26 de diciembre de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
LA ENTREGA
W. observaba con la mirada perdida la pantalla del ordenador, y de todas las palabras del e-mail ,traidor, era la que más se le clavaba en sus entrañas paralizando sus músculos y embotando su mente. Había sido duro con sus compañeros en el comité por la mañana, pero ¡que ostias! no los reconocía. Discutían sobre la posibilidad de un cambio de rumbo en sus acciones. Las últimas les habían alejado de sus bases naturales, les recordó al imbécil que puso la última bomba y no aviso a tiempo y el autobús escolar ¡paf! ... Propuso unas acciones mas directas a la cabeza del Estado para demostrar que estamos y vamos a por todas, enfrentarnos a ellos. Se rajaron. Triunfo la continuidad : golpear, huir, esconderse. Para colmo les recordó que caemos como ratas, que tenemos infiltrados y soplones .Volvió a leer el e-mail y maldijo porque no tuvieron huevos de decírselo a la cara eso de que su vida no vale una bala y que mire para atrás cuando salga de casa. No os voy a dar ese gusto, masculló.
Borro el e-mail, consultó paginas de los diarios nacionales y anotó en su cabeza un lugar y un hora. Formateo el disco duro y destruyó algunos CDs . Se vistió con esmero y salió a la calle. No miro atrás. Llegó andando al lugar en el que el Presidente daba una conferencia sobre lo de siempre y esperó entre los periodistas su salida tumultuosa también como siempre. Cuando el Presidente se disponía a responder a la primera pregunta con un pié ya dentro del coche, con calma W se llevó la mano atrás del cinto donde tenia la pistola !quieto! grito el guardaespaldas con su pistola ya desenfundada apuntándole a la cabeza .W siguió con su movimiento y cuando la suya brillaba a la altura del pecho del presidente, un disparo le de tumbó de bruces . El policía miro a su compañero después de percatarse de la muerte de W. y le murmuró que cada vez los terroristas son mas inexpertos y mas lentos. Parecía una entrega.
W. observaba con la mirada perdida la pantalla del ordenador, y de todas las palabras del e-mail ,traidor, era la que más se le clavaba en sus entrañas paralizando sus músculos y embotando su mente. Había sido duro con sus compañeros en el comité por la mañana, pero ¡que ostias! no los reconocía. Discutían sobre la posibilidad de un cambio de rumbo en sus acciones. Las últimas les habían alejado de sus bases naturales, les recordó al imbécil que puso la última bomba y no aviso a tiempo y el autobús escolar ¡paf! ... Propuso unas acciones mas directas a la cabeza del Estado para demostrar que estamos y vamos a por todas, enfrentarnos a ellos. Se rajaron. Triunfo la continuidad : golpear, huir, esconderse. Para colmo les recordó que caemos como ratas, que tenemos infiltrados y soplones .Volvió a leer el e-mail y maldijo porque no tuvieron huevos de decírselo a la cara eso de que su vida no vale una bala y que mire para atrás cuando salga de casa. No os voy a dar ese gusto, masculló.
Borro el e-mail, consultó paginas de los diarios nacionales y anotó en su cabeza un lugar y un hora. Formateo el disco duro y destruyó algunos CDs . Se vistió con esmero y salió a la calle. No miro atrás. Llegó andando al lugar en el que el Presidente daba una conferencia sobre lo de siempre y esperó entre los periodistas su salida tumultuosa también como siempre. Cuando el Presidente se disponía a responder a la primera pregunta con un pié ya dentro del coche, con calma W se llevó la mano atrás del cinto donde tenia la pistola !quieto! grito el guardaespaldas con su pistola ya desenfundada apuntándole a la cabeza .W siguió con su movimiento y cuando la suya brillaba a la altura del pecho del presidente, un disparo le de tumbó de bruces . El policía miro a su compañero después de percatarse de la muerte de W. y le murmuró que cada vez los terroristas son mas inexpertos y mas lentos. Parecía una entrega.
viernes, 17 de abril de 2009
tq-ymam-QT1BD
El sonido del móvil me despertó. Era el mensaje que Sergio me enviaba todas las mañanas. Según iba leyendo, tq-ymam- QT1BD, presentí que sería el último. Los Yahoos, una tribu de Africa reseñada en El informe de Brodie, recogido por J. L. Borges, gozaban de la facultad de la previsión y anticipaban con tranquila certidumbre lo que sucedería en las próximas horas: Una mosca me rozará la oreja; o No tardaremos en oír el canto de un pájaro. Esa certidumbre es la que sentí y me estremeció.
Mientras bajaba y subía las interminables escaleras de la línea seis del metro, camino del trabajo, una imagen difusa trataba de entrar en mi mente: media melena, ojos castaños, pendientes de aros grandes, figura menuda, leggins multicolor: nada que ver con mi Sergio. Sacudía la cabeza confusa e incrédula, pero la imagen volvía con más fuerza.
Al entrar en la redacción del periódico, se materializó la figura que había pugnado por entrar en mi mente: la sustituta de Mercedes estaba ya allí con sus pendientes de aros grandes , su media melena y sus ojos castaños. Cruzó conmigo la mirada: Deseé con todas mis fuerzas que el don de los Yahoos fuese cierto.
Mientras bajaba y subía las interminables escaleras de la línea seis del metro, camino del trabajo, una imagen difusa trataba de entrar en mi mente: media melena, ojos castaños, pendientes de aros grandes, figura menuda, leggins multicolor: nada que ver con mi Sergio. Sacudía la cabeza confusa e incrédula, pero la imagen volvía con más fuerza.
Al entrar en la redacción del periódico, se materializó la figura que había pugnado por entrar en mi mente: la sustituta de Mercedes estaba ya allí con sus pendientes de aros grandes , su media melena y sus ojos castaños. Cruzó conmigo la mirada: Deseé con todas mis fuerzas que el don de los Yahoos fuese cierto.
martes, 7 de abril de 2009
Conexiones cerebrales
Era un adicto a la lectura. Libros o artículos que se ponía a su alcance los devoraba con deleite. Con sus amigos bromeaba diciendo que tenia el disco duro lleno y tendría que, para seguir almacenado información, desfracmentarlo o ampliar los temas de los que pasaba de largo. Actualmente lo hacía con los toros, el famoseo y Felipe González. Conversando con él aprendías diez formas para adelgazar, tomabas partido por los Sudistas en la Guerra Civil Americana o te hacía renegar del comunismo detallando los crímenes de Stalin. Seguramente tenía una cultura superior a muchos universitarios y sin embargo era sólo un obrero, circunstancia que, pedantemente, achacaba a sus malas conexiones cerebrales que le impedían aplicar sus conocimientos a sus ocupaciones.
Una noche sí que funcionaron y de que manera: se despertó sudando y con la boca seca. Se mezcló en su cabeza, junto con las palabras del nuevo Papa de Roma, admitiendo la legalidad del aborto como un derecho de la mujer, por encima de la vida del feto, su recomendación de usar el preservativo en las relaciones sexuales fuera del matrimonio, aplaudidas con entusiasmo por las gentes progresistas, con las palabras del Apocalipsis de S. Juan referidas a las profecías sobre el Anticristo y la Bestia “ También se le dio boca que hablaba arrogancias y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar por cuarenta y dos meses Y abrió su boca para blasfemar contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo y de los que habitan en el cielo.
Se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.”
Miró por la ventana y casi amanecía. Se dispuso a escuchar las noticias mientras se afeitaba, pero, sobresaltado por la agitada voz de la locutora, contempló paralizado en el espejo su sangre roja sobre la espuma blanca: Un enorme meteorito se acercaba a la Tierra. Las cifras sobre la velocidad , la distancia o el tamaño no le importaron, sólo una: cuarenta y dos meses
Era un adicto a la lectura. Libros o artículos que se ponía a su alcance los devoraba con deleite. Con sus amigos bromeaba diciendo que tenia el disco duro lleno y tendría que, para seguir almacenado información, desfracmentarlo o ampliar los temas de los que pasaba de largo. Actualmente lo hacía con los toros, el famoseo y Felipe González. Conversando con él aprendías diez formas para adelgazar, tomabas partido por los Sudistas en la Guerra Civil Americana o te hacía renegar del comunismo detallando los crímenes de Stalin. Seguramente tenía una cultura superior a muchos universitarios y sin embargo era sólo un obrero, circunstancia que, pedantemente, achacaba a sus malas conexiones cerebrales que le impedían aplicar sus conocimientos a sus ocupaciones.
Una noche sí que funcionaron y de que manera: se despertó sudando y con la boca seca. Se mezcló en su cabeza, junto con las palabras del nuevo Papa de Roma, admitiendo la legalidad del aborto como un derecho de la mujer, por encima de la vida del feto, su recomendación de usar el preservativo en las relaciones sexuales fuera del matrimonio, aplaudidas con entusiasmo por las gentes progresistas, con las palabras del Apocalipsis de S. Juan referidas a las profecías sobre el Anticristo y la Bestia “ También se le dio boca que hablaba arrogancias y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar por cuarenta y dos meses Y abrió su boca para blasfemar contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo y de los que habitan en el cielo.
Se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.”
Miró por la ventana y casi amanecía. Se dispuso a escuchar las noticias mientras se afeitaba, pero, sobresaltado por la agitada voz de la locutora, contempló paralizado en el espejo su sangre roja sobre la espuma blanca: Un enorme meteorito se acercaba a la Tierra. Las cifras sobre la velocidad , la distancia o el tamaño no le importaron, sólo una: cuarenta y dos meses
miércoles, 25 de febrero de 2009
El derecho a la vida
El derecho a la vida
-No vas ha sentir dolor. Me he preparado para que mueras al instante. No soy policía ni tu adversario político, pero te voy a matar. Tu has matado antes en tu etapa de activista a muchos, formando grupos de partisanos o terroristas y rodeado de una merecida aureola de valentía. Luego te llegó la hora de la gloria, cuando el dictador murió y los ejércitos invasores se retiraron y vinieron los brindis y tus hazañas fueron ensalzadas. Entonces fue cuando pude poner rostro a la sombra que perseguía desde niño. No se si recibías ordenes o actuabas por tu cuenta, pero te imagino aquella noche deslizándote en la oscuridad, arrastrándote por el suelo para llegar hasta el coche estacionado en la puerta del cuartel, ponerle la bomba y retroceder sin hacer ningún ruido que delatase tu presencia a la ronda de vigilancia. Y como estarías expectante con los prismáticos desde la colina observando como arrancaba el vehículo y explotaba esparciendo chatarra y restos humanos por el aire.¿ quién viajaba en el coche? ¿Era un capitán , un coronel? Daba igual: era tu enemigo y debías ejecutarlo. El derecho a la vida no rige para los enemigos y los que se cruzan en el camino de vuestros objetivos patrióticos. Y tu sabías la reacción que tendría tu atentado. Sabias que fusilarían a cinco hombres del pueblo. Pero no sabías que entre ellos estaría mi padre. Y no sabías que su patria éramos su esposa y yo. Y no sabías que mi madre murió llorando y suplicando que le dejasen darle un último beso. Y no sabias que hoy yo estaría delante de ti con la determinación que sólo el odio puede dar para matarte.
El disparo sonó seco, amortiguado por el silenciador de la pistola. El ejecutor tiro por el suelo el contenido de algunos cajones, las lámparas y los libros de las estanterías, salió a la calle y miró al cielo.
A la memoria de las victimas colaterales
-No vas ha sentir dolor. Me he preparado para que mueras al instante. No soy policía ni tu adversario político, pero te voy a matar. Tu has matado antes en tu etapa de activista a muchos, formando grupos de partisanos o terroristas y rodeado de una merecida aureola de valentía. Luego te llegó la hora de la gloria, cuando el dictador murió y los ejércitos invasores se retiraron y vinieron los brindis y tus hazañas fueron ensalzadas. Entonces fue cuando pude poner rostro a la sombra que perseguía desde niño. No se si recibías ordenes o actuabas por tu cuenta, pero te imagino aquella noche deslizándote en la oscuridad, arrastrándote por el suelo para llegar hasta el coche estacionado en la puerta del cuartel, ponerle la bomba y retroceder sin hacer ningún ruido que delatase tu presencia a la ronda de vigilancia. Y como estarías expectante con los prismáticos desde la colina observando como arrancaba el vehículo y explotaba esparciendo chatarra y restos humanos por el aire.¿ quién viajaba en el coche? ¿Era un capitán , un coronel? Daba igual: era tu enemigo y debías ejecutarlo. El derecho a la vida no rige para los enemigos y los que se cruzan en el camino de vuestros objetivos patrióticos. Y tu sabías la reacción que tendría tu atentado. Sabias que fusilarían a cinco hombres del pueblo. Pero no sabías que entre ellos estaría mi padre. Y no sabías que su patria éramos su esposa y yo. Y no sabías que mi madre murió llorando y suplicando que le dejasen darle un último beso. Y no sabias que hoy yo estaría delante de ti con la determinación que sólo el odio puede dar para matarte.
El disparo sonó seco, amortiguado por el silenciador de la pistola. El ejecutor tiro por el suelo el contenido de algunos cajones, las lámparas y los libros de las estanterías, salió a la calle y miró al cielo.
A la memoria de las victimas colaterales
martes, 13 de enero de 2009
Desde el infierno
Algunos me decían que mis rarezas y perturbaciones eran debidas a la crisis de los cincuenta, pero mi agitación interior era honda y a veces tenebrosa. Yo lo atribuía a la seriedad con que me tomaba mi trabajo. Empezaron a desaparecer y a tornase en felicidad una mañana de camino al trabajo, en que el aire de mi calle se lleno de notas musicales fa mi sol si fa sol do que salían machaconamente de una ventana de la casa del vecino. Deduje que alguien en la casa del doctor Castedo estaba aprendiendo a tocar el piano. Cada día pasaba mas despacio frente a la ventana y empecé a percibir a una figura menuda junto a un piano. Era una joven mujer. Un día me fijaba en sus blancas manos, otro en su larga cabellera rubia, otro me recreaba en sus nacientes pechos y otro intentaba adivinar el color de sus ojos. Los días que miraba su boca, me turbaba, me quedarme casi quieto y arrancaba a correr presuroso y azorado con miedo de haber sido visto .
Privarme de esto fue un castigo y no un premio a mi dotes de trabajo, con que mi jefe me anunció mi traslado a Londres durante unas semanas para enderezar nuestra delegación en esa ciudad. Pero ,!oh milagro! comencé a escuchar las mismas notas fa mi sol fa re sol do y junto a una ventana la misma joven, el mismo piano, iguales cabellos, su boca inolvidable, sus pequeños pechos, y fa mi sol fa re sol do que llenaban el aire y a mi espíritu de alborozo y sosiego.
Esa noche, después de reseñar la rutina diaria, conté a mi mujer la coincidencia de que nuestro vecino, el doctor Castedo, estaba también en Londres con su hija. Su largo silencio tras el teléfono, su aclaración suave y cariñosa, me anticiparon que acabaría en un lugar como este con el tiempo.
-Cariño, el doctor Castedo murió hace tiempo y nunca tuvo hijos.El primer paseo por mi calle a mi regreso a Madrid confirmó las palabras de mi mujer: Las ventanas de la casa del doctor estaban tapiadas y el abandono era notorio. El brazo de mi mujer impidió que la angustia que me invadió, diera con mi cuerpo en el suelo, pero sus cuidados posteriores no consiguieron evitar mi ingreso en este infierno
Algunos me decían que mis rarezas y perturbaciones eran debidas a la crisis de los cincuenta, pero mi agitación interior era honda y a veces tenebrosa. Yo lo atribuía a la seriedad con que me tomaba mi trabajo. Empezaron a desaparecer y a tornase en felicidad una mañana de camino al trabajo, en que el aire de mi calle se lleno de notas musicales fa mi sol si fa sol do que salían machaconamente de una ventana de la casa del vecino. Deduje que alguien en la casa del doctor Castedo estaba aprendiendo a tocar el piano. Cada día pasaba mas despacio frente a la ventana y empecé a percibir a una figura menuda junto a un piano. Era una joven mujer. Un día me fijaba en sus blancas manos, otro en su larga cabellera rubia, otro me recreaba en sus nacientes pechos y otro intentaba adivinar el color de sus ojos. Los días que miraba su boca, me turbaba, me quedarme casi quieto y arrancaba a correr presuroso y azorado con miedo de haber sido visto .
Privarme de esto fue un castigo y no un premio a mi dotes de trabajo, con que mi jefe me anunció mi traslado a Londres durante unas semanas para enderezar nuestra delegación en esa ciudad. Pero ,!oh milagro! comencé a escuchar las mismas notas fa mi sol fa re sol do y junto a una ventana la misma joven, el mismo piano, iguales cabellos, su boca inolvidable, sus pequeños pechos, y fa mi sol fa re sol do que llenaban el aire y a mi espíritu de alborozo y sosiego.
Esa noche, después de reseñar la rutina diaria, conté a mi mujer la coincidencia de que nuestro vecino, el doctor Castedo, estaba también en Londres con su hija. Su largo silencio tras el teléfono, su aclaración suave y cariñosa, me anticiparon que acabaría en un lugar como este con el tiempo.
-Cariño, el doctor Castedo murió hace tiempo y nunca tuvo hijos.El primer paseo por mi calle a mi regreso a Madrid confirmó las palabras de mi mujer: Las ventanas de la casa del doctor estaban tapiadas y el abandono era notorio. El brazo de mi mujer impidió que la angustia que me invadió, diera con mi cuerpo en el suelo, pero sus cuidados posteriores no consiguieron evitar mi ingreso en este infierno
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