Desde el infierno
Algunos me decían que mis rarezas y perturbaciones eran debidas a la crisis de los cincuenta, pero mi agitación interior era honda y a veces tenebrosa. Yo lo atribuía a la seriedad con que me tomaba mi trabajo. Empezaron a desaparecer y a tornase en felicidad una mañana de camino al trabajo, en que el aire de mi calle se lleno de notas musicales fa mi sol si fa sol do que salían machaconamente de una ventana de la casa del vecino. Deduje que alguien en la casa del doctor Castedo estaba aprendiendo a tocar el piano. Cada día pasaba mas despacio frente a la ventana y empecé a percibir a una figura menuda junto a un piano. Era una joven mujer. Un día me fijaba en sus blancas manos, otro en su larga cabellera rubia, otro me recreaba en sus nacientes pechos y otro intentaba adivinar el color de sus ojos. Los días que miraba su boca, me turbaba, me quedarme casi quieto y arrancaba a correr presuroso y azorado con miedo de haber sido visto .
Privarme de esto fue un castigo y no un premio a mi dotes de trabajo, con que mi jefe me anunció mi traslado a Londres durante unas semanas para enderezar nuestra delegación en esa ciudad. Pero ,!oh milagro! comencé a escuchar las mismas notas fa mi sol fa re sol do y junto a una ventana la misma joven, el mismo piano, iguales cabellos, su boca inolvidable, sus pequeños pechos, y fa mi sol fa re sol do que llenaban el aire y a mi espíritu de alborozo y sosiego.
Esa noche, después de reseñar la rutina diaria, conté a mi mujer la coincidencia de que nuestro vecino, el doctor Castedo, estaba también en Londres con su hija. Su largo silencio tras el teléfono, su aclaración suave y cariñosa, me anticiparon que acabaría en un lugar como este con el tiempo.
-Cariño, el doctor Castedo murió hace tiempo y nunca tuvo hijos.El primer paseo por mi calle a mi regreso a Madrid confirmó las palabras de mi mujer: Las ventanas de la casa del doctor estaban tapiadas y el abandono era notorio. El brazo de mi mujer impidió que la angustia que me invadió, diera con mi cuerpo en el suelo, pero sus cuidados posteriores no consiguieron evitar mi ingreso en este infierno
martes, 13 de enero de 2009
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