miércoles, 25 de febrero de 2009

El derecho a la vida

El derecho a la vida


-No vas ha sentir dolor. Me he preparado para que mueras al instante. No soy policía ni tu adversario político, pero te voy a matar. Tu has matado antes en tu etapa de activista a muchos, formando grupos de partisanos o terroristas y rodeado de una merecida aureola de valentía. Luego te llegó la hora de la gloria, cuando el dictador murió y los ejércitos invasores se retiraron y vinieron los brindis y tus hazañas fueron ensalzadas. Entonces fue cuando pude poner rostro a la sombra que perseguía desde niño. No se si recibías ordenes o actuabas por tu cuenta, pero te imagino aquella noche deslizándote en la oscuridad, arrastrándote por el suelo para llegar hasta el coche estacionado en la puerta del cuartel, ponerle la bomba y retroceder sin hacer ningún ruido que delatase tu presencia a la ronda de vigilancia. Y como estarías expectante con los prismáticos desde la colina observando como arrancaba el vehículo y explotaba esparciendo chatarra y restos humanos por el aire.¿ quién viajaba en el coche? ¿Era un capitán , un coronel? Daba igual: era tu enemigo y debías ejecutarlo. El derecho a la vida no rige para los enemigos y los que se cruzan en el camino de vuestros objetivos patrióticos. Y tu sabías la reacción que tendría tu atentado. Sabias que fusilarían a cinco hombres del pueblo. Pero no sabías que entre ellos estaría mi padre. Y no sabías que su patria éramos su esposa y yo. Y no sabías que mi madre murió llorando y suplicando que le dejasen darle un último beso. Y no sabias que hoy yo estaría delante de ti con la determinación que sólo el odio puede dar para matarte.
El disparo sonó seco, amortiguado por el silenciador de la pistola. El ejecutor tiro por el suelo el contenido de algunos cajones, las lámparas y los libros de las estanterías, salió a la calle y miró al cielo.

A la memoria de las victimas colaterales

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