El sonido del móvil me despertó. Era el mensaje que Sergio me enviaba todas las mañanas. Según iba leyendo, tq-ymam- QT1BD, presentí que sería el último. Los Yahoos, una tribu de Africa reseñada en El informe de Brodie, recogido por J. L. Borges, gozaban de la facultad de la previsión y anticipaban con tranquila certidumbre lo que sucedería en las próximas horas: Una mosca me rozará la oreja; o No tardaremos en oír el canto de un pájaro. Esa certidumbre es la que sentí y me estremeció.
Mientras bajaba y subía las interminables escaleras de la línea seis del metro, camino del trabajo, una imagen difusa trataba de entrar en mi mente: media melena, ojos castaños, pendientes de aros grandes, figura menuda, leggins multicolor: nada que ver con mi Sergio. Sacudía la cabeza confusa e incrédula, pero la imagen volvía con más fuerza.
Al entrar en la redacción del periódico, se materializó la figura que había pugnado por entrar en mi mente: la sustituta de Mercedes estaba ya allí con sus pendientes de aros grandes , su media melena y sus ojos castaños. Cruzó conmigo la mirada: Deseé con todas mis fuerzas que el don de los Yahoos fuese cierto.
viernes, 17 de abril de 2009
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