jueves, 28 de febrero de 2008

LA SIERRA Y LOS PERROS

-"Bueno señooooor Calomán; veo que es la primera vez que está detenido", dijo el policía que estaba tras la mesa después de ojear los papeles que tenía encima.
- "Si ha visto cine negro, tendrás idea de cómo funciona esto. Yo pregunto, tú me contestas la verdad, mi compañero toma nota y todo irá como la seda; ¿comprendido?". Hizo una pausa acercando su cara al detenido. " Así que dime, ¿por qué mataste a tu compañero? ¿o debo decir "novio"?"
-"Porque había probado el sabor de la carne joven"-respondió el detenido con voz suave, exenta de emociones.- Esa tarde él estaba desnudo en la cama junto a su sobrino adolescente, casi niño, besando su piel y recorriendo con sus manos su cuerpo, delatando en su mirada, sus jadeos y movimientos el resurgir de atávicos instintos".
Los policías se miraron sin comprender el significado de sus palabras.
-"Cuando yo era niño- continuó en el mismo tono- acompañaba a mi padre en la sierra cuidando las ovejas. Nos ayudaban en la tarea tres leales perros capaces no sólo de agrupar el rebaño, sino de enfrentarse a una manada de lobos por defenderlas. Una vez estuvimos aislados unos días, y escaseó la comida. Una mañana, dos ovejas estaban muertas y casi devoradas. Mi padre cogió su cuchillo y, uno a uno, degolló a los perros. "Han probado el sabor de la carne",me dijo mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, "ya no las defenderían como antes, sino que volverían a comérselas cuando tuvieran hambre, rechazando los mendrugos de pan y los huesos".
Desde el extremo de la mesa le tendieron la copia de su declaración, que Calomán firmó con la mirada perdida en la sierra y en los perros.


Madrid, Febrero de 2008

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