VIOLENCIA
Sr. Juez:
Cuando lea esta carta mi cuerpo colgará con una cuerda alrededor del cuello de una viga de mi casa y mi alma estará en el Infierno. He matado a mi mujer porque soy un ser violento. Ella no solo lo sabía, si no que desde nuestro primer encuentro premió mi comportamiento como sólo un mujer sabe hacerlo. Se la arrebaté a hostias a su primer novio. Mis golpes en la mesa y mi actitud desafiánte nos garantizaban la mejor atención en los bares que frecuentábamos, y la gustaba ; y no le digo nada de la seguridad con que se adentraba en los mas sórdidos tugurios colgada de mi brazo: había visto varias veces rodar por los suelos con la cara ensangrentada a quien se atrevía a mirarla. Después de cinco años juntos ¿ porque han empezado las discusiones y reproches mutuos? Por no tener hijos, por sus nuevas amigas, acaso por la intolerancia de nueva conversa al feminismo. No entraré en los detalles de su muerte, los forenses, cuando examinen su cuerpo , se los revelaran, pero si le diré, ya que eso no lo podrán ver, que en ese momento me di cuenta que no la había querido nunca, que soy un producto de la naturaleza fuera de tiempo y lugar. ¿Por qué no siguió con el timorato de su novio? Seguramente el nunca la habría matado aunque yo si estaría de todas formas con un pié en el Infierno.
XXX
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